Galán, Julio Cesar.


Nombre:

Julio Cesar Galán 

 

Origen:

Cáceres (1978) 

 

Identidad:

Poeta, ensayista y dramaturgo.

 

Página personal:

https://www.juliocesargalan.es

 

Contacto

juquesadag@unex.es



Sobre el autor.

Julio César Galán (Cáceres, 1978). Fue lector de español en la Universidad de Argel y profesor asociado en la Universidad de las Islas Baleares. Actualmente es profesor contratado doctor en la Universidad de Extremadura.

 

...Y lo que dicen de su obra.


Bibliografía

Autor de los siguientes poemarios: El ocaso de la aurora, Tres veces luz, Márgenes, Inclinación al envés, El primer día y Testigos de la utopía. Además, ha publicado como heterónimo los siguientes libros de poemas: Gajo de sol, La llanura y Para comenzar todo de nuevo de Luis Yarza; ¿Baile de cerezas o polen germinando? y ¿Una extraña orquídea o un superviento estelar? de Pablo Gaudet; e Introducción a la locura de las mariposas de Jimena Alba. 

De su poesía se han realizado diversas antologías como Ahora sí, Donde es aquí, Acorde para las aguas madres, Anotaciones cardinales, El inventor del Sí, Sin adiós y Con permiso del olvido. Ha sido antologado en Matriz desposeída, Limados. La ruptura textual en la última poesía española, Poéticas del Malestar, Desobediencia, País Ibérico, Exopoetas (de próxima edición), Poéticas del afuera (de próxima edición) y Serán (de próxima edición). 

Su obra poética se ha traducido al checo, inglés, francés, portugués, griego y árabe. 

Como ensayista cabe destacar: Ensayos fronterizos. Entre el poema y la heteronimia en coautoría con Óscar de la Torre y Jimena Alba, Cuaderno de Sombrario y Correos a los editores. Poesía Especular/Poesía non finito

Entre sus textos teatrales podemos citar los siguientes: Eureka, La edad del paraíso y No. Bocetos de un libro futuro. 


Premios

  • Premio de poesía “Villa de Cox”, 2011.
  • Premio de poesía “Vicente García de la Huerta”, 2015. 

Texto

Fragmento del poema "Sobre el nivel del mar", de Tres veces luz.  

 

Ansío toda luz porque un día fijé el mundo 

con mi dedo índice, 

                                        y amo 

el correr de los ríos porque de algunos peces 

                                                       aprendí hondura.

Fueron mis ojos quienes miraron 

              por primera vez

que en la caída de los astros se escondían 

              un niño y una rueda.

Siempre me hice invisible cuando los hombres 

pusieron sus manos

                                     sobre mi fingida presencia, 

y cuando tuve un brazo que parecía un ala,

las flores que brotaban 

           en los tejados me otorgaron 

                                      las dádivas de un vientre,

ésta es la única verdad que he conocido.

 

A dos mil pies sobre el nivel del mar 

la marcha de los pasos deja de orbitar,

          el frío aumenta toda lucidez, 

y la respiración es lenta 

          como la vida en las montañas 

y en las ermitas, el corazón renuncia 

a cualquier renuncia, 

y la única doctrina es la fecundidad.

 

Nuestro propósito es crecer cuando creamos 

           y amar a cuanto no desgarre,

nutrirnos de nosotros mismos y no golpearnos              

                         en soledad

y que cada vez que el mundo sea la primavera

nos despojemos de cuanto fuimos 

                  y seremos, formando 

la columna que une nubes, espacios y semillas.

 

El truco no es difícil ni complejo, 

tan sólo se necesitan

algunas dosis de serenidad, 

concentración y sencillez.

 

A seis mil pies sobre el nivel del mar

-y subiendo- 

los ojos van perdiendo su nostalgia 

y para no cegarnos tengo que demostrar 

mi destreza en las diferentes artes 

           de la distancia 

y para que no se dilaten las venas 

el oxígeno tiene que ser lo más escaso posible.

 

[…]