Serrano Rangel, Fran


Nombre:

Francisco Serrano Rangel

 

Origen:

Oliva de la Frontera (Badajoz) 1970

 

Identidad:

Psicólogo, escritor...

 

Enlaces:

 

https://www.facebook.com/fran.serranorangel    https://twitter.com/FranSerranoPsic 

https://www.instagram.com/franserranorangel/ 

 

Contacto

fran.serrano@psicoworking.com    fran.serrano@yahoo.es



Biografía

 

Francisco Serrano Rangel nació en Oliva de la Frontera el 24 de mayo de 1970. Empezó a realizar sus primeras publicaciones en el instituto en algunas revistas juveniles. Estudio psicología en la Universidad de Salamanca, y fue en su facultad donde ganó su primer concurso de cuentos, además de poner en marcha y coordinar las revistas Demente y El Lazarillo. Ha desarrollado su carrera profesional en diferentes ámbitos de la psicología, principalmente en el ámbito social y sanitario. Como miembro del Grupo de Análisis de la Realidad Social de la Universidad de Extremadura ha participado en diferentes proyectos e investigaciones. Fue miembro fundador de la Asociación Extremeña de Terapia Familiar y de la Escuela de Terapia Familiar Milenia. Cuenta con una dilatada experiencia como formador en temas de psicología. En la actualidad es gerente del Centro Psicoworking en Badajoz, donde ejerce como psicólogo y psicoterapeuta. 

 

También ha participado activamente en el ámbito político, siendo Teniente Alcalde y Concejal de Cultura en Oliva de la Frontera por el Colectivo Independiente Olivero. Precisamente es esa labor la que hace que aparque su actividad literaria por un tiempo, actividad que vuelve a estar de nuevo entre sus prioridades.


Obra publicada

Libros

  • 2003. Tu sonrisa tatuada sobre el lienzo de mi alma. Ediciones Gómez Cano. Badajoz. Con ilustraciones de Gamero Gil.
  • 2011. Campanas de agonía. Editorial Abecedario. Badajoz. Con ilustraciones de Gamero Gil.
  • 2018. Diccionario de emociones. Tau Editores. Cáceres.

Otras publicaciones

  • 2007. Poema en el libro Recordándote. Asociación Itimad, Certamen Rumayquiya. Sevilla.
  • 2009. Relato en el libro Sonrisa de Gato. Editorial Jirones de Azul. Sevilla.
  • 2016. Poemas en el libro colectivo Photopoesía. La Espiral y Fundación Caja Badajoz.
  • 2017. Poema en el disco Resilience de Javier Alcántara.
  • 2017. Poemas en la sección Pupitres Verdes, con ilustraciones de Vellarino en la revista Cultura Badajoz.
  • 2018. Poemas visuales junto al ilustrador Vellarino en la sección Spanish Shame de la revista Cultura Badajoz.

Premios

Numerosos premios y distinciones en certámenes literarios, entre los que destacan:

  • 2007. Primer Premio de Poesía Fiestas de la Vendimia de Cheste, con el poema Futuro.
  • 2008. Seleccionado en el Certamen Rumayquilla. Sevilla, con el poema Cuando te vayas.
  • 2008. Primer premio Certamen de Relatos 8 de marzo. Navalmoral de la Mata, con el relato Cambio de equipo.
  • 2008. Finalista Certamen de Narrativa Villa de Torrecampo, Córdoba, con el relato Mi abuelo decía.
  • 2008. Premio de Poesía del Ateneo de Alicante, con el poemario Amor de manzana.
  • 2008. Primer premio Certamen de Relato Los Cristos de Calzadilla, Cáceres, con el relato La última lección.
  • 2009. Mención especial en el Certamen de Relatos Jirones de Azul, con el relato Perlita.
  • 2009. Finalista en el Certamen de Relatos Torreón de San Román, Santibáñez de la Peña, Palencia, con el relato Perlita.
  • 2010. Primer Premio Caños Dorados de Poesía, Fernán Núñez, Córdoba, con el poemario Los siete pecados capitales.
  • 2010. Primer Premio Caños Dorados de Relato, Fernán Núñez, Córdoba, con el relato La última cena.
  • 2016. Primer Premio Certamen Isabel Agüera de Villa del Río, Córdoba, con el poemario Triángulo de Amor.
  • 2016. Primer Premio del Premio de Poesía Visual de Bormujos, Sevilla, con la obra Anorexia.
  • 2018. Primer Premio del Certamen de Poesía Huerta de San Lorenzo, Segovia, con el poema Cada Domingo.

 


Textos

Insert coin (del libro Photopoesía, La Espiral, Caja Badajoz)

 

Aunque resulte extraño

te sigo echando de menos, eres

una máquina tragaperras

y yo el tonto que sigue echando monedas

porque de vez en cuando devuelves  alguna

echo de menos los vaivenes de tus pasillos

el café espeso y la cerveza fría

puerta y ventana de días intensos, llenos

de lo que somos, máquinas de transformar

comida en mierda y tirar de la cadena

ya casi lo tenía superado, resiliencia

que llevo encima siempre, pero

siendo sincero, te busco en sueños

y en despertares, en los murmullos

de la gente y las caricias del tiempo

y eso que me echaste a patadas y

a picotazos de cuervo, eso sí

con una contundente sonrisa y un

hasta luego no te alejes demasiado

te contradices, y yo, claro

que me paro en el país de las maravillas

por mirar atrás de vez en cuando

apaga tus lucecitas y tu canto de sirenas

este molino está buscando otras aguas

porque, si me dices de nuevo insert coin

estoy perdido.

 

Cuando te vayas (del libro Recordándote, Asociación Itimad, Certamen Romayquiya, Sevilla)

 

Cuando te vayas

(por si tardas)

deja un coro de niños

por la mesilla

que canten despacio

al despertarme

en una silla

deja un violín

y una lira

cualquier cosa con cuerdas

que yo pueda atarme a ellas

para esperarte

una flauta travesera

sobre el sofá

y un leve soplido que recorra la casa

y que suene al azar en cada noche

por el pasillo

deja notas entrelazadas

para que puedas volver

o yo pueda buscarte

por los ritmos de tu ausencia

y el piano en el jardín

¡no puedes llevarte el piano!

y si una tecla se pierde

cuando vuelvas

no pienses que la he robado

se habrá roto de llamarte torpemente

y deja también esa alegre guitarra

sobre mi pecho

y coloca mis dedos dulcemente

sobre sus cuerdas

y no olvides dejarme

una púa de marfil

ya que te llevas mis uñas en tu espalda

y cuando cierres la puerta

hazlo tres veces, o cuatro

y la última sostenida

y simula esa melodía

que jugaré con su eco al escondite

mientras tanto.

 

Cuando te vayas

(por si tardas)

llévate el resto de la orquesta

si quieres

pero silba, amor

silba para dejarme, sobre todo

la partitura de tus besos.

 

 

Perlita (del libro Sonrisa de Gato. Editorial Jirones de Azul. Sevilla)

 

Me llamo Perlita y soy una gata. Vivo en un piso con terraza en las afueras de Madrid. Tengo un ser humano en casa, aunque le dejo salir y está casi todo el día fuera. Se llama Susana, es una hembra, y tiene unos ojos grandes y bonitos y una piel muy suave. Por lo general es bastante cariñosa, aunque a veces se enfada y parece otra. Cuando llega del trabajo solemos jugar un rato, yo la araño pero despacio, con las uñas recogidas, y ella me aprieta el cuello con sus manos, pero solo un poco, que la tengo enseñada. De vez en cuando viene alguna visita a casa. La que más me gusta es su amiga María. No me hace mucho caso, pero habla mucho, y yo me acurruco a sus pies y me adormezco con sus palabras. Es un no parar de hablar desde que llega hasta que se va. Siempre tiene problemas, con sus novios, con su familia, con el trabajo. Es que hay humanos que se complican mucho la vida. También a veces viene su hermano Luis, le da un achuchón, a mí me hace unas caricias y se va. No tengo nada contra su hermano, pero por su culpa empezaron los problemas. Un día trajo a casa a un amigo, Ernesto. No me gusta ese nombre porque es difícil de pensar. Los humanos deben tener nombres fáciles, para llamarlos y que atiendan y te entiendan. Tampoco me gusta como es. El primer día me miró con desconfianza, ni caso. Luego, cuando se sentaron a tomar café, y el hermano se fue, y empezaron a decir tonterías y a reírse de cualquier cosa y a contar intimidades y más cosas, él hizo un gesto cariñoso pero forzado. Menudo bicho, me acarició para caerle bien a Susana, para mostrar su inexistente lado sensible, para camelársela, vamos. Pero a mí no me engaña ese tío. Solo hay que mirarlo a los ojos fijamente. Luego, claro, como le arañé un poco la mano, pues empezó a mirarme peor. Yo quería que se fuera, pero Susana me echó una pequeña bronca y se puso a mimarle la mano. Hasta fue a por alcohol y algodón y se puso a curarlo. Qué ofensa, ni que fuera una gata callejera y sucia. Mis uñas no salen de este piso, que huele a detergente con fragancias de los bosques de no sé dónde, y la única suciedad la traen los humanos en sus pies, que son unos guarros.

            El caso es que las visitas del tal Ernesto se hicieron frecuentes. Y empezó a quedarse también de noche. Susana había cambiado, estaba como distraída y me hacía menos caso, aunque a veces me cogía de repente en un arrebato de ilusión y me estrujaba contra su cuerpo. Me gusta su cuerpo, es suave y carnoso, y huele a campos de avena y amapolas de mayo. Lo sé porque una vez me llevó al campo de unos primos y olía igual. No me gustó el campo, demasiados bichos sin tener hambre, porque a mí Susana me tiene siempre el plato lleno. Como digo su cuerpo es una gozada, no me extraña que el tal Ernesto quiera dormir con ella, claro. Ya por las noches no me deja dormir en la alfombra. Cierra la puerta del dormitorio y me deja fuera. El sofá es cómodo, pero una gata necesita el calor humano cerca, por eso los tenemos, si no, pues viviríamos sin ellos. Eso no se hace, pero en la convivencia a veces hay que aguantar cosas. Y la culpa al fin y al cabo es del tal Ernesto este, que encima sale por las mañanas con una sonrisa de desprecio. Yo ni caso.

 

            Pero hoy estoy un poco preocupada. Ayer discutieron y él le pegó una torta. Me hubiera gustado ayudarle pero me asusté y me escondí debajo de la cama. Él gritaba mientras ella lloraba y después se fue dando un portazo. Luego Susana me cogió y estuvo acariciándome mucho rato. Yo le correspondí con mi ronroneo especial y al final nos quedamos las dos dormidas en el sofá. Él la ha llamado esta mañana, después ha estado aquí, golpeando la puerta. Podía olerlo y puedo asegurar que estaba enfadado. Al final ella le abrió, y eso que yo me crucé entre sus piernas para que no lo hiciera. Él entró como una furia y volvieron a discutir, y él volvió a pegarle. Menos mal que en el último golpe ella se quedó en el suelo, como dormida. Susana es muy lista, y seguro que lo hizo para que no siguiera pegándole. Después él me pegó una patada a mí, que todavía me duele el costado, y cuando quise arañarle ya se había ido. Ahora estamos las dos solas, pero yo sigo preocupada. Susana no se mueve, pero está viva. Los humanos solo tienen una vida, no como nosotros, y tienen que cuidarse y tener cuidado con quién se juntan. Y es bueno que tengan algún animal cariñoso cerca, por si acaso. Yo le estoy dando calor, y le he limpiado la sangre de la cara, y ahora está más guapa. Sólo necesito que despierte y me haga unas caricias y yo le arañaré con las uñas recogidas y ella me apretará el cuello, pero solo un poco, que la tengo enseñada.